Terapia para adultos con conducta suicida

Terapia para adultos

Conducta suicida

En el mundo se suicida una persona cada 40 segundos y se calcula que otra lo intenta cada 2 segundos, lo que suponen alrededor de un 1,000,000 de muertes y 20,000,000 de intentos al año.

Cada acto suicida afecta a otras 6 personas de su entorno.

Hay más muertes en el mundo por suicidios que por homicidios y por guerras juntos.

A nivel estatal, sólo en 2014 se alcanzó una cifra record de 3,910 muertes por suicidio; son unas 10 muertes al día, una cada 2,5 horas; solo en 2019 en Euskadi han cometido suicidio 145 personas que se sepa de manera oficial, 22 personas sólo en Álava en un año.

Es la segunda causa de muerte en la juventud a nivel estatal entre los 15 y los 29 años; todo esto sin contar los suicidios camuflados detrás de accidentes de tráfico, abandonos de tratamientos de personas enfermas o infranotificación por problemas administrativos.

En este momento no existen políticas específicas contra el suicido, a pesar de que se estime que son el doble de las producidas por accidente de tráfico, 12 veces más que las producidas por homicidios y 80 veces más que las producidas por violencia de genero.

Desde el inicio de la pandemia por COVID19, se estima que el número de suicidios se haya podido incrementar debido a todas las dificultades económicas, sociales y de salud en las que la sociedad se ve inmersa.
Existen mitos sobre el suicido que deben ser abordados y superados como sociedad, sin embargo, queda mucho por hacer.

Algunos de estos mitos son:

MITO 1: “Quienes hablan de suicidio no tienen la intención de cometerlo”

“Quienes hablando de suicidio pueden estar pidiendo así ayuda o apoyo. Un número significativo de personas que contemplan el suicidio presentan ansiedad, depresión y desesperanza y pueden considerar que carecen de otra opción”.

MITO 2: “La mayoría de los suicidios suceden repentinamente, sin advertencia previa.”

“Desde luego, algunos suicidios se cometen sin advertencia previa. Pero la mayoría de los suicidios han ido precedidos de signos de advertencia verbal o conductual. Por eso es importante conocer los signos de advertencia y tenerlos presentes”.

MITO 3: “El suicida está decidido a morir.”

“Por el contrario, los suicidas suelen ser ambivalentes acerca de la vida o la muerte. El acceso al apoyo emocional en el momento propicio puede prevenir el suicidio”.

MITO 4: “Quien haya sido suicida alguna vez, nunca dejará de serlo.”

“El mayor riesgo de suicidio suele ser de corto plazo y específico según la situación.  Aunque los pensamientos suicidas pueden regresar, no son permanente, y quien haya tenido pensamientos e intentos suicidas puede llevar después una larga vida”.

MITO 5: “Solo las personas con trastornos mentales son suicidas.”

“El comportamiento suicida indica una infelicidad profunda, pero no necesariamente un trastorno mental. Muchas personas que viven con trastornos mentales no son afectadas por el comportamiento suicida, y no todas las personas que se quitan la vida tienen un trastorno mental”.

MITO 6: “Hablar del suicidio es una mala idea y puede interpretarse como estímulo.”

“Dado el estigma generalizado alrededor del suicidio, la mayoría de las personas que contemplan el suicidio no sabe con quién hablar. En lugar de fomentar el comportamiento suicida, hablar abiertamente puede dar a una persona otras opciones o tiempo para reflexionar sobre su decisión, previniendo así el suicidio”.

Existen factores de riesgo de la conducta suicida tales como:

  • Tener un trastorno mental: depresivo, bipolar, esquizofrenia, trastorno de alimentación, abuso de sustancias y déficit de atención por hiperactividad.
  • Factores psicológicos y rasgos de personalidad tales como la desesperanza, el perfeccionismo o la impulsividad.
  • Intentos de suicidio previos e ideación suicida.
  • Enfermedad física o discapacidad.
  • Factores genéticos.
  • Estado civil tal como estar soltero, divorciado o viudo.
  • Edad (adolescencia y tercera edad).
  • El género, los hombres lo consuman más y las mujeres lo intentan más sin éxito de consumación.
  • Factores como la historia familiar de suicido, falta de apoyo socio-familiar y la soledad son factores de riesgo importantes.
  • La situación socio-económica como estar en desempleo.
  • Traumas o abuso.
  • Conflictos en las relaciones o pérdidas.
  • Discriminación, sentido de aislamiento.
  • Estrés por desplazamiento y aculturación.
  • Disponibilidad de acceso a los medios letales.
  • Estigma asociado con comportamientos de búsqueda de ayuda.
  • Abuso de alcohol y otras sustancias, dolor físico y problemas de salud física.
  • Dificultades y barreras para obtener acceso a la atención de salud.

Existen por otra parte factores precipitantes tales como:

  • Acontecimientos vitales estresantes y cambios vitales bruscos no deseados
  • Desesperanza
  • Acoso por parte de iguales (bullying y ciberbulling)
  • Maltrato físico y abuso sexual
  • Violencia de género
  • No aceptación de la homosexualidad
  • Empeoramiento de enfermedades
  • Entorno suicida
  • Otros

Las señales verbales de alerta más frecuentes son:

  • Expresiones sobre uno mismos de tipo culpa, odio hacia sí mismo, vergüenza, inutilidad, miedo a perder la cabeza o temor a hacer daños a otros: “no valgo para nada”, “mi vida es u asco”, “estaríais mejor sin mí”.
  • Expresiones sobre el futuro de tipo cansancio vital, insatisfacción, dolor, infelicidad, sufrimiento, desinterés, malestar y/o desesperanza: “lo mío no tiene solución”, “quiero terminar con todo”.
  • Expresiones sobre muerte o suicidio de tipo huida, liberación, tener ideas claras, dejar de sufrir, de agradecimiento, de despedida: “me gustaría desaparecer”, “quierpo descansar”, quiero que sepas que en todo este tiempo me has ayudado mucho”.

Las señales NO verbales más frecuentes son:

  • Cambios de humor: desafiante, temerario, agresivo, alegría repentima tranquiidad inusual.
  • Cambios de horarios en forma de vida.
  • Aislamiento social y familiar.
  • Anhedonia, desinterés generalizado.
  • Consumo repentino de tóxicos o alcohol o aumento de la frecuencia o cantidad habitual.
  • Acciones temerarias, asunción de riesgos innecesarios.
  • Infracción de normas o leyes.
  • Discusiones y peleas.
  • Indiferencia a elogios y refuerzos.
  • Autocrítica, auto-humillación.
  • Regalo de pertenencias, objetos apreciados o valiosos.
  • Cesión de mascotas.
  • Redacción de testamento.
  • Visitas inesperadas a familiares o personas cercanas.
  • Acumulación de fármacos.
  • Sospechas de autolesiones leves (por ejemplo: laceraciones).
  • Compra de armas.
  • Pérdida de sueño, o dormir mucho.
  • Puesta en orden de cosas o gestiones.
  • Desinterés hacia su trabajo, sus allegados o sus aficiones.
  • Falta de concentración en la escuela o el trabajo.
  • Gasto de dinero injustificado o desproporcionado.
  • Falta de apetito sexual.
  • Redacción de notas de despedida.
  • Elaboración de planes suicidas y se hacen con los elementos necesarios para llevarlos a cabo.

Señales físicas comunes:

  • Descuido de la imagen, apariencia, vestimenta e higiene personal.
  • Quejas físicas persistentes como dolor crónico.
  • Agravamiento de síntomas de trastornos mentales que pueda sufrir.
  • Pérdida o aumento de peso debido a la pérdida o ganancia de apetito.

El tratamiento es diferente en función del caso y situación específica en función además del grado de riesgo suicida que tenga la persona.

Ante una crisis suicida se establece una forma concreta de trabajar y en consulta otra.

Ante riesgo de suicido inminente o intento de suicido, es importante llamar al 112 o teléfono de emergencia local, la persona está sola, es importante que otra persona llame.

El teléfono de la esperanza 24h, 914 590 055 – 717 003 717 / (Euskadi:944 100 944), disponen de personas formadas y preparadas para ayudar ante una crisis suicida.

Si la situación no es de emergencia, existen tratamientos eficaces como es la psicoterapia basada en terapia cognitivo-conductual orientada al tratamiento de la conducta suicida y la terapia dialectico-conductual.

Los psicofármacos pueden ayudar junto con la terapia psicológica a que el tratamiento sea más rápido y eficaz ya que en numerosos casos nos encontramos con personas con depresiones que necesitan de estos psicofármacos junto con tratamiento psicoterapéutico intensivo.

Además, se puede trabajar con las familias ya que pueden ser una fuente de apoyo, aunque dependiendo de los casos pueden ser fuente de conflicto.

Dependerá de cada caso, que se trabaje más o menos con la familia a la hora de brindarles capacidades para enfrentar desafíos y mejorar las comunicaciones y las relaciones en el núcleo familiar de la persona.

Por otra parte, en el Centro de Psicología Laura Requena se ofrece tratamiento psicoterapéutico a supervivientes de suicidio.

Aquellos familiares que han perdido a un ser querido por suicido pueden verse beneficiados por la terapia para lidiar con la ausencia de ese ser querido, el duelo, la culpa entre otras emociones y sentimientos.

Aquellos familiares que de manera indirecta quieran ayudar a un ser querido en riesgo suicida también pueden recibir una psicoeducación y pautas de intervención en cuanto a ayudar de forma eficaz a su familiar/amigo/pareja.